EL EDITORIAL. BUEN VIAJE -Y GRACIAS- A UN DISCRETO GRAN EUROPEÍSTA ALEMÁN

 

COMUNICANuestro Editorial coincide con la marcha a otras dimensiones del ex canciller alemán Helmut Joseph Michael Kohl, conocido como Helmut Kohl, a los 87 años, desde su casa de Ludwigshafen.

20170616 kohl 2Queremos dedicarle El Editorial porque este hombre sencillo -de los de querer pasar desapercibido- estuvo 16 años en la cancillería alemana, y fue testigo, impulsor y generador de la caída del Muro de Berlín, un 9 de noviembre de 1989. Ése fue el primer paso, pero posteriormente, en el transcurso de apenas un año, el 3 de octubre de 1990, consiguió fundir la República Federal Alemana con la República Democrática Alemana (que se incorporó a la primera). A partir de ahí todo su afán fue el europeísmo y, a toda costa, sacar a Alemania de la historia que tanto dolor y afrenta tenía (por las dos Guerras Mundiales, sobre todo por la segunda).

Se le recordará, sin duda, como dicen algunos comentaristas, junto al famoso Bismarck (que creó la primera unidad alemana en 1871, en Versalles tras vencer en una guerra a Francia), y también, por supuesto, se le recordará junto a Konrad Adenauer (el primer canciller de la República Federal Alemana; y que también está dentro de ese papel de colaborar en esa comunión, ya que construyó la Alemania democrática y la reconcilió con su vecino y enemigo secular: Francia). Pero el mérito de Kohl es todavía mayor, porque su proyecto de unir a los alemanes era solo el otro rostro de su proyecto de unir a los europeos y de hacerlo, adicionalmente, en libertad, no a través de la guerra como Bismarck, ni bajo un régimen de ocupación y separación, como Adenauer.

20170616 kohl 5Kohl lo hizo todo sin grandilocuencias, sin grandes expectativas personales y, sobre todo, sin grandes expectativas alemanas. Por eso criticaba tanto durante los últimos años a la canciller actual, Ángela Merkel, porque ella da mucho protagonismo a Alemania. Él pretendía un “europeísmo alemán”.

La libertad y la unidad de los alemanes han sido desde su misma juventud la otra cara de la libertad y la unidad de todos los europeos. En ese sentido, ahí están la unidad y las libertades europeas que el político fue consiguiendo: es el político del salto hacia delante a partir de la unificación alemana y que ha llevado a la creación de la moneda común, a la ampliación de las fronteras europeas hasta los confines de Rusia con el ingreso de 28 miembros, y a la consolidación de la mayor zona de respeto de los derechos humanos y de las libertades, de estabilidad, seguridad y prosperidad de toda la historia de Europa.

Todo esto hay que reconocérselo a este caballero.

Su primer paso trascendental como canciller, nada más llegar a la jefatura del Gobierno en 1982 por una moción de censura constructiva contra su predecesor, Helmut Schmidt (del partido Socialdemócrata Alemán, SPD, que actualmente forma parte del Partido Socialista Europeo) fue su campaña en favor de la llamada “doble decisión de la OTAN”, propuesta por Schmidt y tomada en 1979, pero cuestionada ampliamente por un movimiento pacifista creciente dentro incluso del SPD. Hizo proponer al Pacto de Varsovia una reducción drástica de los misiles de medio alcance desplegados por ambos bloques (OTAN y Pacto de Varsovia) en toda Europa (y específicamente en la Alemania del Este), y en caso de no llegar a un acuerdo, propuso el despliegue inmediato de los misiles estadounidenses en Alemania. Ante esta propuesta, Kohl recibió el apoyo del presidente francés François Mitterrand con su famosa frase “Los misiles está en el Este –el Pacto de Varsovia-, pero los pacifistas están en el Oeste –en la OTAN-”. Este apoyo aupó a Kohl y dio lugar a su espectacular victoria, casi con el 50% de votos para su partido, Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU), tan solo equiparable a los obtenidos por Adenauer en los años de la reconstrucción. El rearme denunciado por los pacifistas mostró la buena compenetración entre Alemania y Francia (la única nación del núcleo europeo que había jugado en algún momento a una tercera vía entre Washington y Moscú).

Kohl fue un político práctico, modesto, impregnado de historia europea, pero nada pretencioso. Supo observar el futuro de Alemania y de Europa sin ser partidario de “las visiones”, y menos de los políticos visionarios (“the visión-thing”, al igual que su gran amigo George W.H.Bush, que tanto le ayudó en la unificación).

20170616 kohlKohl fue un genuino amigo de España, sí. Tenía muy buena filiación con España. Ayudó a nuestro país a su entrada en las entonces llamadas “Comunidades Europeas” (hace ya 30 años), y ha sido el auténtico padrino de las políticas presupuestarias que han dado a España 300.000 millones de euros en estos tres decenios (o sea, 100.000 millones por década) en fondos estructurales, sociales, agrarios y de cohesión. Y desde España se le correspondió (tal como cita él en sus memorias) con el apoyo singular de Felipe González a la unificación alemana (frente a la oposición de la Inglaterra de Margaret Thatcher, y las reticencias iniciales de la Francia de François Mitterrand).

La Europa que Kohl contribuyó a construir (con el nombramiento de Jacques Delors al frente de la Comisión; con el lanzamiento del Acta Única para crear el mercado interior europeo con sus cuatro libertades (de circulación de personas, capitales, mercancías y servicios) en 1992; con el Tratado de Maastricht; con la ampliación de la UE de 12 a 15 miembros; y con los pasos iniciales hacia la moneda única) es todavía la Europa de la ortodoxia europeísta trazada por los ‘padres fundadores’, en la que los gobiernos de España se han sentido cómodos y capaces de mantener un protagonismo de primer nivel. Ningún canciller posterior, ni Schroeder ni Merkel, se ha entendido mejor con Madrid, ni ha sintonizado de forma más sutil con los intereses españoles.

20170616 kohl 6Pero también hay que resaltar su purgatorio en vida. Después de 16 años en la cancillería, sufrió la derrota electoral ante Gerhard Schroeder y tuvo que dejar el poder pero, además, al año siguiente tuvo que abandonar la política debido al escándalo de la financiación ilegal de su partido (de cuya denuncia se encargó de atizar la propia Ángela Merkel). También tuvo que vivir el suicidio de su esposa, Hannellore, en 2001, y posteriormente las peleas familiares con sus hijos tras casarse con su secretaria. (¡Cómo no!... Y decimos esto porque nos preguntamos a qué tienen que entrar ahí los hijos porque se haya casado con su secretaria… El caso es que, como uno es un personaje público, todo el mundo trata de arruinar al otro, cuando no está en la cima). Todo esto terminó por resquebrajar su imagen, a lo cual no faltó la publicación simultánea de una reedición de sus memorias y de otras memorias no autorizadas y muy polémicas, en las que se recogen más de 600 horas de grabaciones realizadas por un confidente y amigo con el que Kohl se había peleado.

Todo lo anterior no puede hacer olvidar que ahí está esa humanidad enorme, grandísima, de persona y de político, sin especial carisma, sin especial aura, pero con unas ganas de laborar importantes.

Lo consideraron en un principio como un canciller de transición, y terminó siendo uno de los más longevos en el cargo (16 años en el poder).

A pesar de su austeridad, su tenacidad y su laboriosidad, perfectamente alemanas, Kohl fue un hombre discretamente religioso y también irónico, tal como muestra la anécdota con la que culminamos nuestro Editorial: la que es quizás una frase suya antológica, digna para un epitafio: “Hay vida antes de la muerte y todo cristiano, protestante o católico, tiene derecho a gozarla”. Pues… miren, pareciera que hubiese descubierto el agua tibia, ¿verdad?, pero es un agua tibia que hay que verla y hay que practicarla.

Buen viaje, señor Hemut Kohl, Europa estará siempre a usted agradecida, y su país no puede hacer menos.

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