CAMBOYA: NO ES QUE NO HAYA PERDÓN, ES QUE NO ES POSIBLE

 

20220922 camboRecogemos la noticia del diario El Mundo:

“No hay perdón en Camboya”.

Eso dicen, pero es que no es que no haya perdón, es que no es posible.

Un tercio de la población murió víctima de la guerra civil en Camboya gracias a los Jemeres Rojos y a su líder Pol Pot. Fue una escabechina: uno de cada cuatro hombres murió asesinado, sin más. Quería Pol Pot crear un gran estado marxista, pero… ¡ya ven qué método!

Queda todavía vivo y en prisión uno de los líderes de los Jemeres Rojos (los demás han fallecido, Pol Pot entre ellos), cumpliendo cadena perpetua: Khieu Samphan, de 91 años. Su sentencia se estaba revisando por la apelación presentada ante el tribunal de las Cámaras Extraordinarias de las Cortes de Camboya.

A la corte acudió en su silla de ruedas para reclamar su libertad, pero el tribunal ha sido inamovible. Por lo tanto, continúa con el dictamen de cadena perpetua, y seguirá en prisión.

Lo increíble es que, como es muy mayor, se pide, por razones humanitarias el que lo dejen en libertad…

¿Con qué humanidad actuó este hombre cuando estuvo durante cuatro años como de jefe de Estado del partido de los Jemeres Rojos? ¿Dicen ustedes que locura de juventud? ¡Pero si mataban a diestro y siniestro! El hecho de saber leer o escribir era suficiente. ¡Tremendo, tremendo!

“El tribunal de las Cámaras Extraordinarias de las Cortes de Camboya rechaza la apelación por genocidio de Khieu Samphan.”

20220922 camboKhieu Samphan es el último de los líderes conocidos. Seguramente hay muchos más, no tan conocidos ni de su mismo rango, que siguen por Camboya.

Afortunadamente, ese régimen ya se acabó, pero fíjense: el juicio se está realizando ahora, ¡y han pasado más de 40 años! Fue entre 1965 y 1979, cuando terminó la Guerra del Vietnam y los norteamericanos abandonaron la zona. Toda una dictadura ejercida sobre los vietnamitas.

¡Fue terrible! Pero por fin, éste es la culminación, el cierre, de ese episodio dramático. Ante el cual, por cierto, occidente estuvo “ausente”. Se sabía de todo lo que allí pasaba, pero no se decía nada. Hubo que esperar hasta la presentación de la película “Los gritos del silencio”, cuando salió a la luz pública lo que ningún medio de comunicación se había ocupado de mostrar.

La historia occidental de la virtud de los derechos humanos deja muchísimo que desear, y ahora mismo, con Rusia, en pleno contienen europeo, está pasando lo mismo. Estamos repitiendo las mismas coyunturas, por lo cual los resultados pueden ser parecidos.

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